¿Patada o Pataleta?

Hay muchas situaciones en la vida en las que nos encontramos frustrados.

Momentos en los que ascienden a un compañero que sabemos menos cualificado, o cuando tus vecinos dan la razón a otro propietario que propone una derrama desproporcionada para una mejora prescindible.

En nuestro panorama político estamos, quizá, en una de estas situaciones.

Tenemos un presidente muy legitimado por ocho millones de votantes, esa es una evidencia objetiva que no impide que pueda ser derrocado si hay un acuerdo del resto del arco parlamentario.

La oposición se ve frustrada porque los continuos casos de corrupción, que afectan directamente al Partido Popular, no le penalizan directa y proporcionalmente en las urnas.

Es este el motivo por el que Podemos se ha decidido a pegar una patada a la silla de Mariano Rajoy (única forma de mover a un presidente que ha hecho del inmovilismo y la resistencia un modo de vida).

Ahora bien, esa patada tendrá muy poco recorrido ya que parece complicado que el candidato alternativo: Pablo Iglesias, consiga reunir 176 votos en una moción a la que parece complicado que se sume un PSOE que aún está convaleciente y cerrando las heridas.

Por tanto la patada quedará en pataleta, como ha ocurrido siempre en nuestra reciente historia democrática (llevamos tres, de tres partidos distintos PSOE, AP, PODEMOS).

Pero el partido del gobierno, tras una legislatura con mayoría absoluta en el que hacía y deshacía a su antojo, sin contar con nadie, sin hacer un solo amigo, se encuentra un periodo convulso, inestable, con partidos nuevos que multiplican las opciones de pacto de gobierno… hemos pasado del bipartidismo al pluripartidismo. Esta es una excelente noticia para la democracia, no tan buena para un Partido Popular que ha demostrado una escasa capacidad negociadora.

Nuestro sistema parlamentario está regido por la mayoría en el Congreso, mayoría de escaños no de votos. Lo que manda, el que realmente elije al presidente es el diputado titular de ese escaño y no la ciudadanía con su voto, vamos a ver:

Cualquier ciudadano que vote a las elecciones generales fuera de Madrid no puede votar ni a Rajoy, ni a Sánchez, ni a Iglesias, ni a Rivera….vota al número uno de la lista de su provincia (en la mayoría de casos no sabe ni quien es, no salen en ningún cartel electoral). Ese diputado que elegimos los que votamos fuera de Madrid es quien puede hacer, con su voto, Presidente al candidato que en realidad queríamos haber votado…¡o no!, puede darse (ya ha sucedido) que se abstenga o vote al candidato de otro partido (traicionando a los ciudadanos que delegaron en él su voto).

El transfuguismo es el fraude de ley de la democracia.

Este sistema también hace posible que partidos que no tienen el mayor número de votos y escaños puedan unir sus fuerzas y desbancar a la fuerza más votada (que no ganadora, por mucho que los damnificados se esfuercen en reivindicarlo). De ahí la importancia de hacer amigos y tener talante negociador.

Es en ese supuesto, cuando la patada del Partido Popular se queda en pataleta, mientras chillan entre pucheros que se les posterga a manos de una alianza de perdedores.

Si esos «perdedores» dialogan, negocian y alcanzan acuerdos…la democracia funciona. Si el ganador se aísla, perdemos todos.

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