Daños tras un accidente de tráfico

Según datos de la DGT en España hay 4.879.480 de vehículos matriculados. Más de uno por cada diez habitantes.

1161 personas perdieron la vida en accidente de tráfico en 2016.

Con esos datos no es de extrañar que se produzcan una cantidad ingente de colisiones al cabo del año. Afortunadamente, la mayoría son de carácter leve.

Es en torno a esos accidentes leves, a lo que dedico esta entrada.

A cualquier conductor le ha pasado que ha sido víctima de un accidente leve sin culpa. El modo más frecuente es «me han dado por detrás».

Este tipo de accidentes tienen una doble consecuencia:

La primera es que todos los ocupantes del vehículo se encuentran, aparentemente, bien (esa es una excelente noticia, por supuesto). La cuestión es que al cabo de unas horas aparecen dolores (principalmente cervicales) que no han de ser tomados a la ligera. Esos daños corporales deben ser objeto de indemnización por parte de la compañía aseguradora del vehículo culpable del accidente. Para reclamar esa indemnización debemos contratar a un abogado que defienda nuestro interés.

La mayoría de las pólizas corren con los honorarios de ese profesional hasta un determinado límite.

Por otra parte, ¡nos han dejado sin vehículo! No ha sido nuestra culpa y deben resarcirnos el daño. Estos daños materiales tienen una peculiaridad: las compañías suscriben entre ellas convenios por los que asumen pagar a su asegurado los daños de su coche (aunque el culpable haya sido en conductor de la compañía contraria, hacen un «hoy por ti, mañana por mí»). En ese convenio acuerdan que la compañía culpable paga una cantidad a nuestra compañía para que esta nos compense.

Seguro que todos hemos oído aquello de «mi coche estaba bien pero lo declaran siniestro total y me ofrecen una cifra ridícula». Esto es así por nuestra compañía quiere sacar tajada y nos ofrece menos de la cifra que le ha dado la aseguradora contraria por razón de convenio. Hay que luchar una compensación justa. Nunca conformarse…y si es preciso acudir a los tribunales. Teníamos un coche que cumplía su función, sufrimos un accidente sin culpa y debemos quedar, como mínimo, igual que estábamos y, en ningún caso, peor.

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